Despedidas

Desde siempre he tenido problemas con las despedidas.  Recuerdo la primera vez que me despedí de mi madre. Tenía cuatro años y jamás me había separado de ella. Era la primera vez que me iba de colonias con mis compañeros y mis maestras y, aunque estaba muy ilusionada, también sentía un cierto temor a lo desconocido. Así pues, en el momento que el autocar se puso en marcha y la marea de manos empezó a moverse alejándose lentamente, yo miré el rostro de mi madre casi sin poder contener las lágrimas y la emoción extraña y nueva que me hacía un  nudo en el estómago y me mareaba. Desde entonces, pero con algo menos de intensidad, siento ese mismo nudo en el estómago siempre que he de decir adiós. Y ya, por siempre más, me embarga una nostalgia entre dulce y amarga siempre que se acerca una despedida.

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Imagen de Bora via Pinterest


Las despedidas pueden ser de muchos tipos como, por ejemplo, la que viviré en menos de dos semanas cuando Miren, Agnés y yo cojamos el avión hacia Ecuador para visitar a los Wild en ese casi mítico lugar conocido como el “León dormido”. Sé que sentiré de nuevo esa emoción en las vísceras, se me erizará el vello, una nube blanca ocupará mi cerebro y lloraré como una cría cuando mire al rostro de Pablo mientras traspaso la puerta de embarque. Y es que, cuando viajo, me da la sensación que no sólo me despido de aquellos que quiero sino que hay a algo de mí misma que también le digo adiós. Al volver sé que aquello mío tan íntimo y personal ya no seguirá estando en el lugar donde lo dejé y sólo el tiempo dirá si  retornará mucho más tarde de lo que lo hice yo.

También hay despedidas diferentes y quizás algo más sutiles, lentas e, incluso, agónicas. Son las que se producen  cuando te despides de alguien al que amas o amaste y, por mil razones, has de dejar atrás aquello que fuisteis. Es un proceso triste y lánguido en el cual, las muchas de las veces, el odio, el rencor o la rabia son aquello a lo que nos aferramos para no acabar de pronunciar con nuestros labios el tan temido adiós y evitar así el viaje largo que nos espera. Un trayecto que nos obliga a reconocernos con nuestros aciertos y nuestros errores en la soledad de una fría cama y de un armario con espacios en blanco. También este tipo de rupturas y partidas se dan en amistades a las cuales no se le dio el suficiente tiempo para ser auténticas o, simplemente, no encontraron el espacio en el cual emerger con la suficiente fuerza y brío provocando que ese lazo acabara ahogándose en sí mismo.

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Imagen de Sparth via Pinterest

Pero no es el momento y quizás tampoco el lugar de hablar de profundizar en este tipo de despedidas.

Ya que de lo que quiero hablar ahora es que se acerca un nuevo adiós el que cada año se anuncia al inicio de junio y huele a petardos y verbena, el final del curso. Mañana me despediré de algunos niños y niñas que han sido alumnos míos por dos y tres años, de algunos compañeros y compañeras, de la escuela, de las lágrimas y de las sonrisas, de los esfuerzos y las alegrías y de tantas y tantas otras cosas que se quedan, ahora ya sí y por siempre más, en el baúl de mis recuerdos. Y, por el contrario, le daré la bienvenida al verano y a ese aroma a sal, aceite, ropa blanca y sandía que lo acompaña; a esas noches en las que refresca y te olvidas del invierno cubriéndote con un jersey ligero mientras bebes una copa de vino sabio y ancestral heredero del otoño, recibiendo el tiempo para recuperar la tierra regando, caminando sobre ella y dejando que su fuerza posea mis sueños.

Cada año lo mismo. Cada curso, cuando llega este momento, por más que lo vivo, sigue estando cargado de emoción y, por más que insisto, soy incapaz de no sentir el nudo en el estómago, le piel erizada y los ojos vidriosos. Son tantas las cosas vividas y es tan tremendo e intenso poder ser testigo de cómo unos niños y unas niñas van creciendo y dejando atrás de forma tan veloz los años de infancia que me resulta imposible no sentir escalofríos a la vez que una ternura infinita que invade mi corazón.

Y lo que no puedo evitar de ninguna de las maneras es que sigo volviendo, sin remedio alguno, año tras año y despedida tras despedida, a aquel primer momento en el cual le dije adiós a mi madre mirando sus ojos cargados de amor y de la conciencia que su hija se estaba haciendo grande. La diferencia, con aquel día, es que yo ya no soy aquella niña, sino que soy la adulta que se despide, una y otra vez, de sí misma y de la inocencia que un día perdió.

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Imagen de Eisenstaedt via Pinterest

15 thoughts on “Despedidas

  1. Felicitats per l’article.
    Moltes vegades en comptes d’un comiat li podríem dir un arreveure. Comences una nova etapa, estiu amb experiències noves i al setembre santornemi cares conegudes i estimades tornen.
    Per a mi els comiats són aquells els quals no tornaràs a veure mai més i encara més dolorós no poder-t’hi despedir, com pot ser la mort d’una persona estimada, en el meu cas el meu pare.
    Gaudiu d’aquest fantàstic viatge que us està esperant, aquells éssers estimats us rebran amb els braços oberts, tornareu a estar junts.

    • Un punt de vista interessant!! El tindré en compte, però no sé per què, tot i que m’ho repeitexo cada any tal i com fas tu, no deixo de tenir una sensació estranya. Ja et dic és quelcom dolç i amarg…potser haig d’indagar una mica més per expressar-ho millor. Gràcies pel teu comentari i compartir la teva experiència!!! Una abraçada ben forta!!!

      Per cert!!! Qué preciós l’article a “Kireei Magazine” sobre les teves nines de llana xisqueta. Et felicito a tu també per aquestes creacions tan meravelloses!!!

  2. Isabel, tus letras llenas de poesía y gusto por lo delicado y bello. Me encanta cuando hablas de despedirte de partes de ti misma, en cada despedida. Pero qué bueno recibir a nuevas partes de nosotros mismos cuando saludamos al presente.
    Te lo diré en persona también, pero Tristán y yo estámos muy contentos de tenerte como maestra el próximo curso. Un abrazo.

    • Sin duda la vida está llena de despedidas y bienvenidas. Y mañana será un día muy especial porque nos despedimos de unos y recogemos a otros con todo nuestro corazón lleno de amor para acogerlos. ¡¡¡Yo también estoy encantada de ser la maestra de Tristán y de todos los demás!!! Y también he estado encantada de ser la maestra de los alumnos que dejo, sin ninguna duda, en las mejores manos.

  3. M’encanta! m’has emocionat🙂 penso que cada nit quan anem a dormir i tanquem els ulls, diem adeu al dia que hem viscut i cada despertar és nou i per omplir.
    Demà l’omplirem de despedides emocionades!

    Una abraçada!

  4. Hola Isabel,
    Aún no tengo la fortuna de conocerte porque mi hija ha estado en P3 y no hemos tenido la oportunidad de conversar en el cole, pero te he visto muchas veces por el Congres y quiero agradecerte por tus hermosas palabras, llenas de sensaciones, vivencias, emociones y mucha vida!
    Me alegra que mi hija forme parte de esta escuela, me da felicidad que personas que pueden sentir y mirar “con el alma” rodeen a mi hija en su infancia, porque además de mí y su papá, vosotros formáis parte de su círculo más allegado, con el que mi hija está fortaleciendo su vínculo y su alma!
    Gracias, bon viatje y fins setembre!
    Sandra (Olivia P3(

  5. Que susto me has dado. Cuando leí el titulo se me hizo un hueco en el estomago y continue leyendo con vértigo. Por un momento pensé que cerrabas el blog o te ibas a trabajar a Alemania o yo qué sé…

  6. Este escrito tuyo tiene alma, la he visto y me ha emocionado todo lo que dices, me ha conmovido A veces leyéndote he echado en falta esa emoción, esa alma. Ahora tu escrito está pleno de esos sentimientos necesarios para sanarse.
    No te preocupes por la despedida, sólo es un hasta pronto. Si vas tan lejos será por un motivo importante, te deseo que lo puedas lograr. Confía en tus compañeras de viaje y apóyate en ellas. Te deseo que sea un viaje muy fructífero, y que vuelvas llena de ilusiones y energías.

    Por cierto sobre tu foto de la familia encontrada, tengo que decirte que hay un objeto que no pertenece a la misma familia. Desde el primer momento que lo vi me llamó la atención, y hubiera querido decírtelo. Se trata de un yugo que hay colgado en la pared de madera bastante viejo. Este objeto se usaba para uncir a las yuntas de animales, ya fueran mulas o bueyes, para trabajar en el campo o para tirar de los carros. Todos los objetos restantes creo que sirven para barrer y fregar.

  7. Isabel, tens una capacitat per emocionar amb les teves paraules que tinc un nus a l’estomag que crec que t’hes familiar. Jo sento el teu adeu perque hi ha una part de nosaltres que realment marxa avui amb tu i tot i que ens veurem per l’escola, les dues sabem que aquesta etapa ja es pasada. Ha estat un honor compartir amb tu aquests 2 anys magics de l’experiencia amb el nostre fill, no tinc paraules prou paraules per agrair la teva entrega, complicitat, autenticitat……..que segueixis feliç el teu cami.

  8. Isabel! Este texto es precioso y me ha llevado a recordar el adiós que tuvimos que dar los “Cineastes” Me ha echo recordar lo que sentí cuando tuve que aceptar que esa etapa de mi vida se acabo y que otra estaba por empezar.
    Las despedidas son dolorosas pero muy necesarias, sin ellas no creceríamos.

    UN ABRAZO Y UN BESO FUERTE TU EX ALUMNA QUE TE APRECIA CON TODO EL CORAZÓN!

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