Kauwboy y Tomboy: confrontando la adolescencia.

La adolescencia es aquella marisma por la cual algunos pasamos como podemos intentando, algunas veces, chapotear lo menos posible en el barro o, por contra, enfangándonos sin poder evitarlo.

PicMonkey Collage

Fotogramas de las películas “Kauwboy” y “Tomboy” via “La estación del fotograma perdido”

La adolescencia que, según los Wild, llega hasta los 24 años es esa edad que ni existía ni era mirada hasta hace bien poco. La sociedad y la cultura no permitía que los individuos pasaran con conciencia por esa etapa puesto que demasiado pronto había que ponerse a trabajar o casarse y procrear. La adolescencia era, y sigue siendo en muchos casos, aquella “edad del pavo” que hay que superar rápidamente ya que entorpece el paso a la vida adulta; era esa excusa buscada por algunos inmaduros para seguir siendo “Peter Pan” y no crecer jamás o, incluso, un invento del capitalismo para generar un nuevo grupo de consumo.

Suerte que algunos pocos se pararon a observar a esos púberes y adolescentes y, de paso, a observarse a ellos mismos recordando cuando transitaron por esas edades y descubrieron que ese momento vital es letárgico, onírico y nebuloso. Es el momento en el que se sueña despierto y se afronta la dura tarea de desarrollar una tarjeta de visita para presentarse al mundo. Un mundo que ni se comprende del todo ni se percibe como propio porque la huella personal aún no se ha dejado marcada. Es el instante que parece eterno, pero se recuerdo efímero y fugaz. Es una fase en la que se juega con todas las hipótesis posibles de nuestro ser y se acaba adoptando la “menos mala” de todas ellas. Es el tiempo del rechazo hacia la familia, hacia lo conocido para desconocerse a uno mismo y, finalmente, volverse a reconocer. Y es el momento en el cual la sensación de no sentirse comprendido es tan desbordante que ni siquiera podemos entender que es una mera proyección de nuestra falta de comprensión hacia el complejo mundo que nos rodea.

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Imagen de la película “Kauwboy” via “El día del espectador”

Sobre eso y sobre más, mucho más, hablan estas dos joyas cinematográficas que ha dejado como herencia el ya más que marchito 2013 y que hoy os quiero presentar: “Kauwboy” de Boudewijn Koole y “Tomboy” de Céline Sciamma. Són dos piezas que tienen el mérito de haber dejado la cámara al servicio del sujeto dando luz a la oscuridad que acecha a dos protagonistas que se encuentran en el umbral de la adolescencia ya nombrada. Estas dos piezas son luceros en sí mismas puesto que confrontan la mirada adulta ya velada por sus propios tabús y nos obliga a descorrer esos velos para encontrarnos con la muerte, la ausencia, el dolor y el sufrimiento del protagonista de “Kauwboy” o con  los conflictos de identidad de género, sexual, amor y desamor en el caso de la protagonista de “Tomboy”.

En los dos casos, pero, nos encontramos con los matices de la nostalgia y los lamentos de algo perdido o de algo que se empieza a perder: la existencia de un mundo perfecto e ideal, de la inocencia, de la confianza ciega en todo y en todos.

Y es que eso es la adolescencia. Es el tránsito doloroso en el cual nos aferramos aún a nuestra niñez, a dejarnos llevar por un río sin dirección ni propósito mientras, poco a poco, vamos tomando las riendas de nuestras vidas en ese largo ensayo que nos dirige hacia un cauce muy caudaloso y lleno de obstáculos: la vida adulta. Depende de nosotros, de legitimar ese momento y la vivencia fatídica del gran drama que encierra la adolescencia que, pasar por ello, nos haga más sabios o más ignorantes.

3 thoughts on “Kauwboy y Tomboy: confrontando la adolescencia.

  1. ¡Magnifica descripción de la adolescencia! Estoy de acuerdo en que es un periodo convulso en que se nos obliga a ser adultos cuando aún no se tiene la necesidad. Y lo que es peor, nos hacen ser adultos y madurar a todos en el mismo momento y edad, sin tener en cuenta las necesidades biológicas, psíquicas y físicas de cada uno. Supongo que de alguna manera trasladamos nuestros temores a que nuestros hijos/as “no sean nadie en la vida”, machacándoles con que tienen que estudiar o trabajar fuerte y se nos olvida la parte existencial y sentimental de la vida. ¡Bueno, de esto podríamos sacar grandes debates! Jeje
    Mirare las películas que no las conocía.

    Recuerdos!

    • Sí, el miedo, en gran parte, es aquello que nos hace perder la paciencia, adelantarnos antes de tiempo y, en definitiva, no dejar ser ni dejar sernos. No obstante, la ignorancia, durante siglos, de lo que va más allá de una mera fase fisiológica nos ha hecho menospreciar lo que es un tránsito psicológico muy profundo. No ayudan en absoluto las series populares en las cuales los problemas de los adolescentes son vistos y descritos como algo meramente superficial sin más dimensiones que la que se muestra. Por eso, es tan importante que el mundo del arte – y, en concreto, el cinematográfico que tan buen soporte es para la subejtividad, los sentimientos y las emociones – ayude a generar otra imagen y, de paso, otro imaginario en torno a un momento crítico de todas nuestras vidas.

      ¡Gracias por tu comentario y recuerdos para ti también”

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