I Wonder

Yo sinceramente creo que para el niño, y para los padres que buscan guiarle, no es ni siquiera la mitad de importante conocer como sentir. Si los hechos son la semilla que más tarde producen el conocimiento y la sabiduría, entonces las emociones y las impresiones de los sentidos son la tierra fértil en la cual la semilla debe crecer. Los años de la infancia son el tiempo para preparar la tierra. Una vez que han surgido las emociones, el sentido de la belleza, el entusiasmo por lo nuevo y lo desconocido, la sensación de simpatía, compasión, admiración o amor, entonces deseamos el conocimiento sobre el objeto de nuestra conmoción. Una vez que lo encuentras tiene un significado duradero. Es más importante preparar el camino del niño que quiere conocer que darle un montón de datos que no está preparado para asimilar.

Rachel Carson, 2012, p.29.

Cuando estoy en el bosque o en la playa con los niños y las niñas de nuestra escuela  acompañados todos por Anna y otros maestros me siento una auténtica privilegiada y pienso, en esos momentos, que debería pagar por trabajar así, de este modo y tan rodeada de vida.

Desde el curso pasado, Anna y yo acompañamos a los niños de primero (y este año de segundo también) a las salidas frecuentes que realizamos al bosque y a la playa. Cada semana sale un grupo y solemos ir a los mismos entornos para que éstos se transformen en un ambiente más de nuestra escuela. Algo más lejanos porque hemos de coger varios transportes públicos, pero usuales igualmente en nuestras vidas. No en vano un día una niña dijo bromeando: “Hoy están abiertos el ambiente del metro, el ambiente del ferrocarril y el del bosque y solo se puede circular libremente por el último.” Y es que, después de un curso entero, nos podemos sentir orgullosos como comunidad que el bosque y la playa forman parte de nuestra esencia y nuestra alma. ¡¡Qué gran fortuna la nuestra!!

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Rachel Carson de niña via “BiophilicCities”

Recuerdo las primeras veces que salimos, mis miedos personales, mis miedos profesionales y como éstos y los otros se fueron disipando al darme cuenta que la naturaleza nos cuida y, sobre todo, cuida de los más pequeños si la visitamos con el respeto y la prudencia necesarios. Siempre les recordamos que estamos de visita, que entramos en la casa de seres muy diversos y que, de un modo u otro, con palabras o con nuestra actitud, hemos de pedir permiso.

Una vez concedido, ya podemos interactuar con una naturaleza que se ofrece a los niños y a los adultos de forma esplendorosa, misteriosa y delicada. Los árboles acogen sus abrazos con ternura y niños y niñas se entienden a la perfección con las ramas, las hojas y las piedras. Ellos y nosotros descubrimos caminos escondidos y nos sentimos en el lugar más fabuloso del mundo enredados en senderos que solo nuestros ojos ven y nuestros pies siguen como si los hubieran recorrido toda la vida.

El miedo personal se fue alejando el año pasado y también, por suerte, el miedo profesional que me obligaba a constantemente, con ayuda de la razón, a buscar un sentido a todas estas salidas. A veces, pensaba “estudiaremos las formas de las hojas”, otras, planificaba una búsqueda de semillas y brotes. Pero lo que sucedía era más intenso, superaba con creces mis intenciones e iba mucho más allá de algo que se pueda captar con la razón.

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Rachel Carson en el bosque con niños via “Environment & Society”

El sentido de todo aquello era, como Rachel Carson decía, el propio sentido que se esconde en el asombro. Y dejadme que haga un pequeño inciso para presentar a esta mujer, catalizadora, dicen, de los movimientos ecologistas siendo de las primeras que denunciaron los efectos perniciosos de los pesticidas y de la necesidad de cuidar del medio ambiente y autora del libro que he devorado en unas horas: El sentido del asombro

Rachel Carson, a su vez, también es la precursora de respetar el asombro en los niños y las niñas y ya escribió sobre ello en 1956 con un sentido altamente poético. Teniendo el inglés como lengua materna, indago en el sentido y significado de la palabra “wonder” que, como muchos sabréis, tiene dos posibles acepciones: asombrarse y preguntarse. Esta palabra, por tanto, casi resulta mágica porque en ella misma encierra el sentido de lo que hemos ido descubriendo en nuestra escuela a fuerza de los meses y de la experiencia: que el sentir nos lleva a preguntarnos y la pregunta al conocimiento. 

Desde mi molde de maestra, muchas veces, no consigo rendirme a esta verdad tan grande. Y las salidas al bosque y a la playa me han hecho ver que no hay posible batalla, es lo que es. Asombrarse junto a los niños, sorprenderme igual que ellos cuando vemos jabalíes y admirarme de como ellos mismos organizan un entierro a un pájaro que hallaron muerto dándole sepultura con gran solemnidad son muchas de las circunstancias en las cuales me he dado cuenta que no soy maestra y que, obligadamente, sigo y seguiré siendo aprendiz el resto de mis días.

Asombrándome día tras día de la vida, de la naturaleza y de como los niños y las niñas se convierten en estos entornos en mis grandes maestros. 

Gracias.

Referencia bibliográfica: 

  • Carson, Rachel (1956): El sentido del asombro. Madrid: Ediciones encuentro, 2012.

Carson

Rachel Carson conduciendo una investigación en Florida via “Britannica”

2 thoughts on “I Wonder

  1. Retroenllaç: Es natural | CAFÈ PEDAGÒGIC

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