Miedo al límite

Mucho he tardado yo en escribir sobre este tema, los límites. Aunque es una cuestión que a todos nos preocupa y nos ocupa horas de reflexión, he necesitado ver reflejada en una historia real llevada al cine momentos que como persona y profesional he vivido para poder dejar constancia escrita de lo que siento y pienso sobre ello.

La historia a la cual me refiero es la que se explica en la película “El Milagro de Ana Sullivan” que no solo nos muestra la importancia de los límites, sino que nos lleva a descubrir que, precisamente, los límites pueden obrar milagros.

Resumo la película que reproduce la historia de amor ilimitado de Ana Sullivan con su discípula Helen Keller.

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Imagen de la película “El milagro de Ana Sullivan” via “Dos más uno”

Ana era una chica joven que fue requerida como institutriz en el hogar de los Keller. Esta familia bien situada del estado de Alabama (EEUU) tenían una hija de 7 años, Helen, que, a los diecinueve meses de edad, contrajo una enfermedad que la dejó sorda y ciega.

Por su parte, Ana había pasado media vida en un orfanato y había sido declarada invidente irremediable desde bien pequeña, pero gracias a que fue acogida por la Escuela de Perkins para ciegos y que fue sometida a varias operaciones pudo desarrollarse personal, profesionalmente y recuperar algo de la vista perdida.

Cuando Ana llegó al hogar de los Keller en 1887, tenía apenas 21 años y ellos se estaban planteando ingresar a Helen en una institución ya que eran incapaces de ayudarla siendo la convivencia con la niña cada día más complicada.

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Hellen Keler y Ana Sullivan via “Wikipedia”

Helen no tenía límites, los padres se movían entre la pena y la desesperación y no había ningún tipo de contención con respecto a la niña. Literalmente, Helen hacía cualquier cosa que se le antojara: desde comer de los platos de los demás, tirar a su hermano de la cuna o pegar a cualquiera que se le cruzara por delante y le impidiera realizar sus deseos.

¿Pero era Helen una niña feliz? No, era completamente infeliz. Había desarrollado un sistema de comunicación muy rudimentario que usaba con una hija de las mujeres que llevaban el servicio de los Keller y con su madre, pero era insuficiente y poco claro y definido.

Helen no tenía lo que antaño se llamaba “presencia de ánimo” y vivía en un presente continuo que la desesperaba y ahogaba: sin comunicación, sin lenguaje no había ni ayer, ni hoy ni mañana. Y sin tiempo ni límites no había cabida al ser de Helen. Helen, por tanto, no vivía, sobrevivía. 

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Otra imagen de “El milagro de Ana Sullivan” via “Dvdix Clásico”

Cuando Ana vio todo aquello lo tuvo claro: Helen necesitaba límites y contención. Los límites y la contención te permiten habitar un espacio propio y, por tanto, te dan permiso para encontrarte con tu propio ser. 

Sin límites, los niños se difuminan con el entorno: todo soy yo y yo soy todo, no hay diferencias, no hay separación, soy omnipresente y omnipotente, todo lo puedo porque puedo con todo. A su vez, al ser todo, soy frágil porque no hay quien me acoja, no hay quien me contenga, no hay quien me proteja y, por tanto, al ser todo no sé quien soy, realmente y cual es mi lugar en el mundo. Resultado: frustración, ira, desconcierto, tristeza y desorientación.

Los límites son el punto de partida de la libertad porque los límites son, a su vez, seguridad y protección. El mensaje que reciben los niños y las niñas cuando se les pone un límite es que hay algo que los cobija, que tienen un espacio para sí y que hay adultos que protegen, precisamente, ese espacio y el de los demás. Los niños, gracias a los límites, saben encontrarse con su propio cuerpo, con sus propias fuerzas y con su propio ser y eso les lanza de forma, directa y segura, a encontrarse con el mundo: lo buscan, se relacionan con él y con quien lo habitan y desarrollan un lenguaje para interaccionar con todo ello y para encontrar su lugar en el espacio y en el tiempo. Los límites les permiten ser individuos plenos.

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Imagen de la película “El milagro de Ana Sullivan” que reproduce uno de los momentos clave en la relación entre Ana y Helen via Integrate conmigo”.

Ana, intuitiva  y cultivada como era, lo supo ver de inmediato y luchó duro para que Hellen se habitara a sí misma gracias a unos límites que, según como sean mirados, pueden llegar a ser extremos (pero muy necesarios). Ese esfuerzo obtuvo su recompensa ya que Ana obró un milagro espléndido: le dio un lenguaje a Hellen con el cual acercarse al mundo y las personas que la rodeaban, pero lo más grande no es eso sino que le facilitó a Hellen el desarrollo de su ser interior y mostró a su família que la niña era un individuo capaz.

Con el tiempo, Helen Keller se convirtió en todo un referente puesto que se conviertió en la primera persona sordo ciega de la historia que obtuvo una licenciatura universitaria acompañada, en todo momento, por su querida Ana Sullivan.

Siempre se hace difícil hablar sobre los límites y no sé si todo este discurso escrito puede facilitar algo su reflexión a los demás, lo que no dejará lugar a dudas es ver esa gran obra del cine clásico que dirigió Arthur Penn y se estrenó el año 1962: El milagro de Ana Sullivan. 

Os dejo con unos fragmentos de la película.

9 thoughts on “Miedo al límite

  1. Sí, bonita reflexión sobre la contención, que en mi opinión es el núcleo del asunto. Conocía la peli pero no la he visto. Lo haré ahora. Gracias un vez más, Isabel, por narrar tan y tan bien. Un besazo!

  2. Retroenllaç: La presencia | CAFÈ PEDAGÒGIC

  3. Me ha encantado el artículo y me gustaría ver la película. Lo haré. Yo ahora mismo estoy en una fase de volver a poner límites claros a mi hijo, que se está desparramando y me ha encantado leerte. Me da muchos ánimos. Gracias

    • ¡¡Ánimos Elsa!! Poner límites no es fácil, pero, cuando llegas a ver lo que éstos sostienen a los niños y los ayudan a desarrollarse, sabes que ha valido la pena superar la dificultad.

      ¡Fuerzas y gracias por pasarte por aquí!

  4. Buf, me ha sorprendido para mal el vídeo de YouTube. No puedo estar más en desacuerdo con las formas y con los fondos. Casi siempre que se habla de límites sospecho que el que se desparrama es el que habla😦

    • Quizás le falta el contexto completo al vídeo. Igual para comprenderlo en su plenitud, sería necesario ver completa la película y leer algo sobre el tema en cuestión. Al respecto de desparramarse, yo siempre he pensado lo mismo de los que juzgan a la ligera…

      • No veo el juicio, y mucho menos ligero. Quizás me he dejado llevar por la emoción negativa de ver bofetadas en un vídeo avalado por Café Pedagogic y pido disculpas por la brusquedad. En general creo que en pegagogía se nos va demasiado tiempo precioso dándole vueltas al tema de los límites como si se tratase de políticos definiendo fronteras lejanas. Por mí desterraría el término de este campo. Creo que con respeto, asertividad y contención tenemos suficiente. Será que peco de ácrata.

      • Bueno, solo añado que “Cafè pedagògic” está escrito por una persona que, en principio, no tiene ninguna autoridad ni criterio absoluto para avalar nada y también decir que lo que en este bloc conste no significa que tenga una oficialidad más allá de la que el propio lector le quiera dar y que, por tanto, es discutible absolutamente. Y me alegro tremendamente que así sea. Aún así, insisto, que vale la pena ver la película al completo y, más aún, leer la historia de estas dos mujeres excepcionales que, bofetadas a parte, construyeron un relación bellísima y que mejoró la vida de ambas. Sin el contexto, a veces, las situaciones se pueden interpretar de maneras muy diversas. En cualquier caso, según mi parecer, lo que acontece entre Anna Sullivan y Hellen Keller se aleja mucho de lo que es, por definición, un maltrato sistemático y humillante.
        Al mismo tiempo, considero que no hay que desterrar ningún término y menos el término que hace referencia a la barrera existente entre el yo y lo externo. De hecho, Rebeca Wild tiene un libro precioso al respecto que se llama “Libertad y límites” y escuchar a los Wild, entre otros, sobre la importancia de recuperar y tener presente ese término me parece algo fundamental en el mundo educativo formal y no formal.
        Por otro lado, en mi escuela y en general, no perdemos el tiempo hablando de límites sinó que los ponemos en práctica. Y también reconocemos que los canales a través de los cuales llegan esos límites difieren en cada invdividuo: hay quien le llega la palabra, hay quien le llega el contacto físico, hay quien le llega la mirada, entre otros.
        Ahora, me alegro que hagas estos comentarios y que te cuestiones lo que propongo o lo que comparto. ¡Faltaría más! Este tipo de cosas, hace que valga la pena escribir un blog. Ahora sí, sin acritud y con serenidad. Al fin y al cabo, para eso estamos todos para aprender a través del debate y del diálogo.
        ¡Salud y sigues benvinguda al blog quan vulguis!

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