Es natural

Todos los caminos conducen al hogar, cada paso es un nacimiento, cada paso es una muerte, cada tumba es una madre. Esto susurra el árbol al atardecer, cuando tenemos miedo de nuestros propios pensamientos infantiles. Los árboles tienen pensamientos dilatados, prolijos y serenos, así como una vida más larga que la nuestra. Son más sabios que nosotros, mientras no les escuchamos. Pero cuando aprendemos a escuchar a los árboles, la brevedad, la rapidez y el apresuramiento infantil de nuestros pensamientos adquieren una alegría sin precedentes. Quien ha aprendido a escuchar a los árboles, ya no desea ser árbol. No desea ser más que lo que es. Esto es Patria. Esto es la felicidad

Herman Hesse

Cada día que pasa estoy más y más convencida que el contacto con la naturaleza y más concretamente con el bosque y los árboles obra milagros en los niños y en los adultos. 26dee82b4cc8c465f614c5518062dcc7 El año pasado, como ya expliqué aquí (I Wonder) y aquí (Sortides a la natura), tuve el privilegio de acompañar las frecuentes visitas de los niños y las niñas de mi escuela al bosque. Pude contemplar verdaderos momentos mágicos en los cuales los niños iban evolucionando en su relación con la naturaleza amándola y, a su vez, dejándose querer por ella.

Poco a poco los niños dejaban de temer el bosque para respetarlo primero, amarlo después y, con el soporte de los cuentos, descubrir sus matices. En los cuentos el bosque es una fuente de luz y de sombras, de brujas destructoras y dadoras de vida al mismo tiempo, de tesoros y de maldiciones. Y esa es, precisamente, la gran metáfora de la relación humana con la naturaleza. 6f0d2e6ca86b9ffc6aa7ede54422064e El bosque transmite a los niños un cuidado especial, una fuente de sorpresas, pero también se hacen conscientes de que en él somos seres en tránsito: meras visitas a las cuales les ha sido permitido estar siempre y cuando se respeten sus normas.

En estas salidas los niños descubren que el ser humano no lo controla todo, no tiene poder sobre la vida o sobre la muerte, pero que, si establece un vínculo positivo con todo ello, la naturaleza puede ser su aliada y ser su cómplice feliz. 

Hemos visto niños que rompen a reír ante las dificultades cuando lo más habitual es que, en la escuela, las esquiven o se lamenten. También hemos observado como se incrementan las actitudes de ayuda y colaboración entre ellos y como se responsabilizan de lo que sucede en el grupo o como niños que en la escuela se inhiben de la relación con el adulto, demandan ayuda cuando es necesaria.

Por ejemplo, el otro día, una niña podía escoger dos caminos: una suave que iba bajando de forma serena en forma de curva y otro trepidante e inclinado. La niña no se lo pensó mucho y escogió el segundo, pero, cuando inició la bajada, se sintió insegura y se quedó bloqueada. La pendiente era muy suave y no había peligro alguno, pero para ella fue suficiente como para no poder avanzar. Desde abajo la animaba a seguir hacia delante y le ofrecía mi cuerpo como freno.

En seguida apareció una compañera que se puso a su lado y le dijo: “Mira, cuando yo llego a este momento, lo que hago es la montaña rusa” y acto seguido, empieza a correr hacia abajo gritando: “Uuuuuiiiiiii”. Cuando llegó al final de la pendiente, volvió a subir hasta donde estaba su compañera. Entonces apareció otro adulto que se situó a mi lado y juntas le dijimos: “Ahora, seguro que no puede pasar nada.”

La niña inició el descenso y no podía parar de reir, era una risa nerviosa y, aunque tardó bastante, cuando llegó, se encontró con los dos cuerpos de dos adultas que la abrazaron tiernamente. La risa nerviosa aflojó y se convirtió en una carcajada que fue compartida por la compañera especialista en montañas rusas. Y las dos niñas, juntas, sin parar de reir, empezaron a correr por la senda haciendo curvas y disfrutando de la alegría de haber superado un obstáculo. Momentos así, hay millones en nuestras salidas.  c102913f33e3535e970c5a09f0dc033d Los niños y las niñas, en el bosque, están más presentes, más conectados. Algunos niños que, en la escuela, siempre hablan de cuestiones fantásticas y poco arraigadas, en el bosque les gusta comentar sobre lo que están viendo, preguntarse por qué un árbol se ha caído y buscar explicaciones plausibles y terrenales.

Al mismo tiempo, aquel niño o niña que siempre está en el mundo de la razón, sin posibilidad de explorar su propia capacidad fantástica, se ve abocado a recurrir a ella ante la incertidumbre y la cantidad de interrogantes que se le abren en esas circunstancias.

El bosque y la naturaleza les dota de una confianza y una seguridad que, ya en una primera visita, los empuja a salir de su zona cómoda y lo que dentro de la escuela les hubiera costado meses superar, en él cuesta mucho menos.

Para una escuela que está ubicada en el barrio de La Sagrera, cerca de la Meridiana, ir cada jueves y cada viernes a Collserola supone una aventura de más de 40 minutos de trayecto a los cuales nos vamos acostumbrando cuando se compensan con todos los regalos que nos aportan nuestras visitas a la naturaleza: paseos bajo la lluvia, animales que nos dejan asomarnos a sus vidas, avenidas de plataneros que dejan caer sus marrones hojas en una lenta danza, copas doradas que se desvisten para luego mostrar en primavera sus mejores galas, la sinfonía de las estaciones.

Aún así, no nos conformamos y por esa razón este año insistimos en que la naturaleza tenga aún más presencia en nuestra escuela: un patio sin cemento, con pequeños montículos, plantas, árboles y arena; ambientes donde el arte y la naturaleza se funden, un pasillo que, repleto de plantas, pretende ser un pequeño bosque interior y hemos creado un pequeño ambiente pensado para acoger a todos los niños y las niñas de la escuela donde poder trabajar, con detalle y esmero, el vínculo con la naturaleza.  0e0398658a404886891a6253552a1695 En ese pequeño espacio, con los mayores (los de primero y segundo de primaria) ya se han iniciado algunas actividades y hemos hecho pócimas, infusiones, secado hierbas aromáticas, pintado con té, hecho esquejes de plantas, observado las maravillas que se encuentran bajo una lupa, entre otras.

Es un lugar que, conocido como El Alambique, la naturaleza deja de ser tan salvaje para dejar domesticarse y nos permite conocer su lado más amable para también, desde la escuela, poder continuar amándola tanto como lo hacemos cuando estamos en el bosque.  018b83ab0e44aab0980b245b2ca425c2 En este lugar, de luces ténues y puntuales, los niños y las niñas trabajan de forma individual o en grupos muy pequeños y puede ser un espacio en el cual llevar a cabo algo concreto o, simplemente, relajarse buscando algo de intimidad. Es como el pequeño salón de una casita que bien pudiera estar en medio de una montaña. Y allí hay tiempo para confidencias, secretos o, simplemente, para estar en silencio.

El Alambique que se irá dejando conocer, es, por tanto, un lugar donde continúan esas salidas pero en un modo más personal: si el bosque es expansión, este pequeño espacio es recogimiento; si en Collserola nos conectamos con los demás, en El Alambique nos conectamos con nosotros mismos.  b492dcc26dd8bdd248492ab08dd50d4b Es el lugar, por tanto, donde se destila, lentamente, la esencia de cada uno de sus visitantes permitiendo que, en ese encuentro, deseemos con fuerza ser aquello que ya somos.  IMG_5219

Detalle del ambiente El Alambique

Buscando inspiración para este espacio, desarrollé un plafón en Pinterest conocido con el nombre de “Botanicals“, las imágenes de este artículo menos las indicadas, son extraídas de ese plafón. En él también se pueden encontrar ideas para trabajar con hierbas aromáticas, hacer velas naturales o elabroar aceites, perfumes o ambientadores con especias o similares. Algunas otras imágenes son del plafón “Bosques” donde voy recopilando imágenes. Ahí está para quien le pueda resultar útil.

8 thoughts on “Es natural

  1. los recuerdos más felices que guardo de la infancia se remontan a las salidas de domingueros que haciamos al campo, compartidas con mis primos, jugando a ser intrépidos exploradores, escaladores o modernas princesas al estilo star wars… Y a las salidas al Pirineo, un mes entero cazando renacuajos, ranas, culebras, saltamontes, lagartijas y murciélagos, recolectando hierbas, conquistando los árboles, dejándonos abrazar por sus ramas, escuchando el viento, temiendo y amando las tormentas…
    Por eso me emociono cada vez que salís a Collserola, ampliando el contacto de los niños con la madre naturaleza al ámbito de la escuela.
    Muchas gracias por regalarnos esta experiencia!

    • ¡Qué maravilla de recuerdos! ¡Que gran suerte que los tengas habitando tu corazón y tu alma! A mi mundo la relación con la naturaleza llegó algo más tarde, en mi adolescencia y me causó tanto impacto que fue un antes y un después en mi vida. Siento que los niños y las niñas de la escuela son muy afortunados, sí; però yo también por poder compartirlo con ellos y porque, cada vez que salimos, nos entregan su confianza. ¡¡Eso es algo tremendamente hermoso!!

  2. Preciós Isabel!!! Feia temps que no et llegia, i ara veig gran part del que m’he perdut.
    Es un article molt bònic.
    Jo fà temps que hi penso en referència a l’infància i la natura. Com es de propera a ells. Que a més, veuen les coses del terra més aprop, que han nascut primitius, que fà poc gatejaven.
    S’em fà estrany escoltar de nens que no hi gaudeixen. M’entristeix que tan ràpid s’hagin “acomodat” als parques ja muntats. Que no tinguin ganes d’explorar, que no es meravellin per un petit insecte, que no recopil.lin pinyes, branques o pedretes.
    A més, de tota la part emocional i de relacions. Desde que els pares de l’escola hem creat el Grup de Muntanya de l’AFA, hem vist com es creaven vincles entre infants que no s’havien tractat, com s’animavem per pujar a cims o explorar, i, sobretot, com s’ajudaven quan ho creien convenient.
    Ens ha estranyat rebre alguna proposta envers a amagar tresors perque els nens els trovin a les sortides, o fer comiats amb xocolata. Com si el fí de la sortida fòs el tresor o la xocolata.
    Per a nosaltres la muntanya ja en té prous de misteris i de recompenses. Ella per sí sola és més màgica que qualsevol d’aquests objectes.

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