El peligro de las etiquetas

A mucha gente nos gusta tener referentes para poder categorizar, incluir o excluir, incorporar o dejar pasar elementos, objetos y sugerencias.

Nos gusta poder saber de algo en profundidad y asociar y relacionar aquellas cosas que tienen vínculos entre sí para ir ampliando nuestro conocimiento y mejorando nuestra práctica profesional.

Las etiquetas, en ese sentido, nos dan una sensación de certeza, de control y de ajustar lo que parece infinito e inabarcable a un marco más adecuado a nuestras miras estrechas.

Es así casi siempre. Menos, claro está, cuando esto llega muy lejos. Porque las etiquetas pueden tener su utilidad, pero también su peligro. 

En los productos alimenticios, por poner un ejemplo este llegar lejos se ha dado hace mucho tiempo y es más que evidente que van surgiendo, periódicamente, etiquetas que van perdiendo su sentido y haciéndose difusas a medida que se usan de forma indiscriminada y casi sin tener en cuenta los criterios de selección. “Sin conservantes ni colorantes”, “con bífidos activos”, “ecológico”, “bajo en calorías” son algunas de esas etiquetas que nos han aportado referencias y que, de tanto extenderse, casi se han vaciado.

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Imagen de la ciudad de Reggio Emilia (Italia) via Wikimedia Commons

Si esto ocurre con la alimentación, que decir del ámbito educativo y pedagógico. Recientemente, llegó a mi casa una publicidad de una guardería cercana que se anunciaba como usuaria del “Método Reggio Emilia” y, entre paréntesis, lo definían como educación activa. No contentos con eso acaban definiendo este “método” como una metodología basada en la exploración de su entorno, así, sin más. No entraré en que sé de sobras que lo que sucede en ese espacio está lejos de parecerse, ni remotamente, a lo que se entienden como los planteamientos pedagógicos reggianos o lo que se considera una educación activa.

Lo que me interesa, verdaderamente, hoy, es ver como lo que son un conjunto de experiencias, vivencias, relaciones y circunstancias se acaban objetivizando y, de algún modo, cosificando para convertirlo en una etiqueta más que se encuentra igual de vacía que cualquier otra.

En primer lugar, Reggio Emilia es una ciudad (no como mucha gente que cree que es una pedagoga), donde, en un determinado momento, hubo un impulso ciudadano, femenino y luchador que demandó espacios dignos para dejar a sus hijos mientras se trabajaba. En esas, apareció un señor llamado Loris Malaguzzi que empezó a hacerse cargo de esta demanda y creó algunas escuelas infantiles con una mirada en relación al niño y un posicionamiento educativo concreto.

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Imagen de una aula que se podría encontrar en una de las escuelas infantiles de Reggio Emilia via Pinterest

Esa mirada y ese posicionamiento, dio lugar a unas formas de organizar las escuelas, de adaptarse a las realidades de otro modo y, sobre todo, a poner al individuo en el centro de su aprendizaje haciéndolo protagonista y responsable de sus procesos fuera niño o adulto. También a una profesionalización mayor de los educadores, a la búsqueda de una mirada más amplia, rica y culta de lo que observaban a diario y, sobre todo, a un mayor desarrollo de la creatividad por parte de todos.

Lo que sucedió allí es irrepetible, es una experiencia que implicó y sigue implicando a una serie de personas, relaciones, vínculos y un desarrollo concreto de todo eso que permitió que tomara algunos derroteros determinados.

Ocurre lo mismo con la educación activa que tan de moda está actualmente y que nadie define claramente pero que, con tanto ahínco, se señala en proyectos, escuelas y cursos. La escuela activa, en realidad, se gestó a finales del siglo XIX y inicios del siglo XX, fruto de una mirada humanista del niño y la niña y con representantes tan emblemáticos como Giner de los Ríos, Ferrer i Guàrdia, Maria Montessori o Neill. Es otra manera de denominar “La escuela nueva” o “La escuela Progresista” y, por tanto, no es un invento nuevo, revolucionario ni pertenece a un nuevo paradigma educativo. Ya que recoge ideas pedagógicas muy anteriores y que son depositarias de un dilema humano que va más allá de nuestro presente.

Por tanto, activo vuelve a ser algo vacío si se diluye y se aleja de las experiencias humanas que desarrollaron el concepto y que lo pusieron en práctica y en relación con la realidad.

Las experiencias, alienadas de las personas que las vivieron, convertidas en categorías y objetivizadas se vacían de su verdadero contenido. Y se convierten en cosas que se manipulan según el antojo, gusto, intereses o ignorancia de quien las adquiere.

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Maria Montessori via Wikimedia Commons

Adquirir una nueva idea, en la sociedad del conocimiento, requiere muy poco esfuerzo: hacer varios clics en internet, ir a un curso, leer un libro o asistir a una ponencia. Poca cosa más. En algunos casos dinero y, en otros, ni eso. Y después vestirse o vestir nuestros proyectos con los trajes requeridos para que parezca que somos parte activa del desarrollo de esa idea.

Pero si eso, en según que entornos, sirve para vender más ropa o más yogures y es muy discutible, en educación deberíamos tener también mucha delicadeza al respecto y no olvidar que trabajamos con material sensible.

Me gustaría, en este ámbito, ver menos etiquetas y categorías y oír hablar mucho más del desarrollo de los vínculos y relaciones en el sí de un proyecto, de la mirada en relación al niño, de cómo se conciben los procesos de aprendizaje y en el progresivo y laborioso camino hacia una profesionalización mayor de les maestros y educadores. Esto no se puede etiquetar, no es un método ni tampoco es una categoría. Esto es una convivencia, un caminar juntos, un conjunto de relaciones constructivas que no se pueden albergar bajo ningún paraguas de color determinado. No es objetivo, sino, absolutamente, subjetivo y, por tanto, se respira, se siente y se palpa y no se puede simplificar porque toma las formas complejas que el conjunto humano que lo lleva a término le da.

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Imagen de la típica disposición estética del material en una posible aula de las escuelas infantiles de Reggio Emilia via Pinterest.

Me gustaría, por tanto que, en educación, dejemos de usar discursos llenos de conceptos rimbombantes que asombran a los padres y, a la vez, nos alejan y hablemos de lo que de verdad importa con rigor y consistencia, con reconocimiento y agradecimiento a lo que existió antes y a nuestras verdaderas inspiraciones, sin pretender inventar la sopa de ajo y, por tanto, empecemos a hablar de nosotros mismos, de nuestras relaciones, de los niños y de las niñas que nos encontramos a diario, de sus familias y que nos desnudemos de tantas etiquetas y categorías que esconden lo esencial que, muy al contrario de lo que se decía en “El principito”, opino que no es invisible a los ojos. En realidad, es muy evidente, está en el ambiente y se puede, incluso, tocar. Porque lo que está, está y lo que no, no está por mucho que nos disfracemos de aquello que, en ese momento, vende.

6 thoughts on “El peligro de las etiquetas

  1. Como todas las entradas, me ha encantado. Creo que lo llamaré el “método Café Pedagógico” e intentaré aplicar ;-)))

    Seguir con este trabajo increíble.

    Saludos.

  2. Muy buen artículo, pero si poneos los puntos sobre las ies, aclaremos bien quien pertenece a qué movimiento. Montessori, Decroly, Froebel, entre otros pertenecieron a la Escuela Nueva, y ya a posteriori surgió la Escuela Moderna con Freinet, Ferrer i Guardia, Rosa Sensat y Plan Dalton..todos tenían en común en poner al alumno como protagonista del aprendizaje, y desterrando así el enfoque tradicional donde el único protagonista era el maestro. Estos movimientos surgieron en España en 1870 con la Institución Libre de enseñanza. Y eran simplemente pedagógicas prácticas sin fundamentacion psicológica, q más tarde apoyaron las Teorías Constructivistas del Aprendizaje de Piaget, Vigotsky, Bruner, etc..si bien es cierto, q tal y como apuntillas en tu artículo, existe un afán etiquetador, xo también es importante destacar que las etiquetas son la estrategia lógica x excelencia de los humanos…El problema viene no cuando etiquetados, sino cuando se ofrece falsa publicidad!! Es más, una buena pedagogía (a mi parecer) no se debe centrarse, única y exclusivamente en un enfoque, sino articular todos ellos en base a las características de los individuos q conforman el grupo. Saludos!!!!

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